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Latam Mobility: La chispa de la sostenibilidad

El World Trade Center de la Ciudad de México vibra con el rugido silencioso de la revolución eléctrica. No hay motores de combustión, pero la energía es palpable: ideas que chocan, manos que se estrechan, planes que se entretejen.

En el primer día de Latam Mobility & Net Zero México 2025, la octava edición de un foro que ya no es solo un evento, sino el epicentro donde América Latina traza su ruta hacia un transporte más limpio, eficiente y humano, la innovación y el futuro de la movilidad sostenible se arma sobre el pragmatismo y una nueva visión.

Urgencia y contexto urbano

El aire en el WTC está cargado de urgencia. México, con su caótica grandeza, es el escenario perfecto para este encuentro. La ciudad, que respira al ritmo de millones de vehículos, enfrenta el desafío de transformar su movilidad sin perder el pulso.

Latam Mobility México no es un evento más; es un crisol donde convergen funcionarios de gobierno, empresarios, startups y visionarios, todos con un objetivo común: descarbonizar el transporte y, de paso, mejorar la vida de las personas.

En dos días, 1,350 asistentes —desde altos directivos hasta curiosos entusiastas— participarán en un programa que combina conferencias, exhibiciones y un networking estratégico.

Innovación y exhibición tecnológica

El evento arranca con fuerza. En la zona de exhibición, más de 450 empresas despliegan sus apuestas: desde vehículos eléctricos que parecen sacados de una película de ciencia ficción hasta software de telemetría que promete convertir el caos logístico en una sinfonía de datos.

Pero no todo es reluciente: el camino hacia la electromovilidad está lleno de baches. La infraestructura de carga, por ejemplo, sigue siendo el talón de Aquiles.

La demanda energética se disparó de una manera que nadie esperaba, mientras que las líneas de transmisión en el mundo están al borde de la saturación.

En el Speaker Arena, un nuevo formato que democratiza el escenario, investigadores y emprendedores suben al estrado para compartir proyectos que van desde biocombustibles hasta ciudades inteligentes. La audiencia, un mosaico de trajes ejecutivos y camisetas de startups, escucha con atención.

Hay algo refrescante en esta apertura: no solo los peces gordos tienen voz, sino también los soñadores que están empezando. Mientras tanto, en el Fleet Management & Charging Matchmaking Hub, los titanes de la infraestructura de carga discuten financiamiento, regulaciones y casos de éxito. Un dato flota en el aire: un cargador doméstico para vehículos eléctricos puede costar hasta 80,000 pesos. La solución, coinciden los expertos, está en la carga pública, pero construir esa red requiere más que buenas intenciones.

Participación gubernamental

La presencia gubernamental es notable. Representantes de Ciudad de México, Estado de México, Guanajuato, Querétaro, Jalisco y Yucatán se sientan a la mesa, cada uno con su propio diagnóstico.

En la capital, el sistema de transporte público —con 130 autobuses eléctricos y 500 trolebuses— es un faro de progreso, pero el Estado de México admite, con una mezcla de humildad y urgencia, un rezago de “35 o 40 años”.

La propuesta es clara: hay que pensar en clave metropolitana, romper las barreras territoriales y conectar regiones como Hidalgo y Morelos. “Ya no hay fronteras físicas”, dice un funcionario, mientras otro asiente, tomando notas.

El sector privado no se queda atrás. La Asociación Nacional de Productores de Autobuses, Camiones y Tractocamiones (ANPACT) presume un ecosistema tecnológico que abarca desde normas Euro VI hasta vehículos a hidrógeno. Once de sus 15 empresas asociadas ya producen eléctricos, y el mensaje es contundente: el transporte pesado no será el patito feo de la descarbonización.

Sin embargo, no todo es electricidad. En las mesas de discusión, se habla de metanol verde, gas natural, amoníaco e hidrógeno como aliados en la transición.

La inteligencia artificial y la telemetría también entran al juego, prometiendo flotas más eficientes y operaciones que reduzcan el impacto ambiental sin sacrificar rentabilidad.

Los números respaldan el optimismo, pero también el desafío.

En 2024, México duplicó su producción de vehículos eléctricos ligeros, alcanzando 220 mil unidades, y se consolidó como el principal proveedor de Estados Unidos .

Sin embargo, los incentivos federales para adquirir estos vehículos siguen siendo insuficientes, y la homologación de conectores de carga es un rompecabezas sin resolver.

“Es un reto global”, dice un ejecutivo, mientras señala una pantalla con gráficos de redes eléctricas saturadas.

En los pasillos, el networking es frenético. Es un mercado de ideas, un bazar de soluciones donde el único idioma común es la urgencia por cambiar las reglas del juego.

Latam Mobility México 2025 no promete resolver todos los problemas, pero sí logra algo más valioso: pone a los protagonistas en la misma habitación.

Aquí, entre el bullicio de las conferencias y el brillo de los stands, se siente el pulso de un país que no solo quiere subirse al tren de la movilidad sostenible, sino también conducirlo.

El WTC sigue encendido, como si supiera que el futuro no espera.

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